martes, 8 de diciembre de 2009

Rápido y Furioso

Corría el año 2005. Se acercaba un día esperado por este hermoso grupo: el día del amigo. Se organizó para esa fecha un típico encuentro entre los pibes: asado y truco. Armando los preparativos unos días antes nos dirigimos a comprar la carne, las ensaladas, el pan, y todo lo necesario para celebrar largos años de amistad. Nos reunimos a la tarde y nos dirigimos al supermercado chino. Una vez allí Horacio Mario se echó atrás. Se dio de baja. Aseguró juntarse con “Guidi”(uno de tantos ídolos y modelo a seguir) y sus otros “amigos” dejándonos en banda. Una clara actitud de NO amigo, típica del viejo Puente. Los pibes compramos la carne, y le dijimos a Puente que después no venga a llorar, que nosotros no éramos el plan B de nadie.
Pese a la desgarradora tristeza que nos afligía por no contar con el gran Horacio Mario en el día del amigo, seguimos adelante con el festejo. Sin embargo la tristeza se convirtió en ira incontrolable, y la propia ira en un plan maquiavélico de venganza.
El día anterior nos encontrábamos en el viejo Ambar festejando el cumpleaños de Fede. Allí mismo se comenzó a diagramar lo que se convertiría en la más grande anécdota de toda la historia.
En un principio se tiraron ideas de ponerle un viagra en el vaso, y que así estuviera “al palo” toda la noche. Pero al desconocer los procedimientos de este tipo de “medicamento” descartamos la propuesta.
Finalmente, nos decidimos por algo más efectivo y duro; algo que le hiciera pagar con “sudor” su traición.
El plan tuvo que adelantar su ejecución. El propio día del amigo Puente llamó horas antes rogando por juntarse con nosotros, “Guidi” y el resto lo habían dejado en banda, de esta manera obtuvo un poco de su propia medicina. Horacio pidió por favor que lo dejáramos venir. Incluso ya había comprado su propia carne (de lo más frula que se conseguía en el barrio) en un gesto de atención hacia nosotros. Los pibes accedimos a que viniera solamente para ejecutar la dolorosa y deshidratante venganza.
Unos minutos antes nos dirigimos a la farmacia para comprar el “producto”. Y mientras no dejábamos de pensar en que momento aplicárselo a su bebida.
Nos reunimos en la casa de Nicolás Guerrieri, conocido como “Borocotó” (por sus cualidades de plena salud, y sol sin drogas; el apodo se reforzó cuando borocoteó al gordo Ruggi).
Luis se destacó en la parrilla haciendo un gran asado, pero seguíamos sin saber como echar ese líquido es su vaso. El ingenio del Gordo Ruggi ayudó en ese momento clave. Le dijo a Puente: “che…acompañame arriba que la voy a llamar a Cintia, acá no tengo señal”. Vale aclarar, y esto engrandece la figura del Gordo, que el ni siquiera tenía crédito, por lo tanto su destreza actoral nos salvó la vida.
Cuando Horacio Mario subió a la terraza acompañando a Ruggi, el grito se hizo unánime: “ahora, ahoraaaa!!!”. Allí mismo Faby sacó de su bolsillo el fármaco conocido como Rapilax: un poderosísimo laxante. Y de nuevo al grito de “Dale, dale, vacíalo!!!” Fabián justamente vació el líquido en el vaso de Puente que estaba tomando vino. Recordemos que en el prospecto se recomendaban un par de gotas. Con eso bastaría para producir el efecto deseado.
Una vez que Puente y el Gordo regresaron, Fede oportunamente propuso un brindis. Y todos los pibes cebaron al ídolo Horacio para que hiciera un fondo blanco. Puente no se achicó, ya que contaba con experiencia en ese tipo de acciones.
Puente vació el vaso con un altísimo porcentaje de laxante en el mismo. Las sonrisas no se pudieron disimular entre los pibes, sin embargo no veíamos la hora de que surtiera efecto.
La noche continuó normalmente, con algunas partidas de truco. Puente no tuvo mejor idea que encima tomar mates con galletitas Oreo.
Los pibes miraban el reloj constantemente, preguntándose cuanto más tendrían que esperar para que se desatara la furia.
El momento más esperado de la noche al fin llegó. Puente le preguntó disimuladamente al dueño de casa donde quedaba el baño. Algunas carcajadas no se hicieron esperar. Horacio Mario fue al baño y estuvo unos largos 15 minutos. Volvió todavía con algunas gotas de sudor en su frente.
Sabiendo lo mersa que es Puente, esperábamos su propio comentario de lo ocurrido. Bajo las escaleras diciendo: “uhh me eché un garco!”. Los pibes no dudaron en despistarlo de una: “es esa carne frula que compraste! Encima tomaste mate con Oreo, como no ibas a cagar así?.
La noche continuó con Horacio yendo constantemente al baño (luego de unas cuantas veces perdimos la cuenta de la cantidad), y con el resto de los pibes tratando de aguantar las risotadas.
La velada se extendió, pero claro, los ánimos de algunos de los pibes no estaban como para irse a dormir tras el asado, el truco y las anécdotas; por lo cual se propuso salir a “bailotear” un rato. No hubo mucho quórum, pero dos o tres del grupo de los más amigos accedieron a la propuesta; entre ellos estaba Horacio Mario “intestino débil” Puente.
Amena fue la caminata desde lo de Guerrieri hasta “Eleven”, lugar elegido para “mover el esqueleto”, vale aclarar que no solo elegido por nosotros, en aquel momento era un bar con mucha convocatoria; por lo cual debimos ubicarnos al final de la larga cola que se extendía por la avenida Beiró.
Pasaban los minutos y estábamos cada vez más cerca del ingreso, hasta que faltando diez metros para llegar a la puerta de dicho bar, notamos la exaltación del popular Puengui debido a un comentario que realizó: “quiero entrar ya y cagar, pero falta…¿me acompañan hasta casa?”. Como excelentes amigos no opusimos resistencia y nos dignamos a acompañarlo a lo que se dice “mover el vientre”. (Eleven, sito en avenida Beiro y avenida San Martín). La casa de Horacito se encontraba a unas largas siete cuadras y media, entonces nosotros debíamos seguirle el acelerado paso que este llevaba; pero de pronto… Puente hizo una pausa en seco, así es, tras haber recorrido unas tres cuadras con su aligerado caminar Horacio había parado completamente su marcha; volteó hacia nosotros y notamos la expresión de desesperación que tenía en su rostro empapado en grandes y frías gotas de sudor. Notamos que quería decirnos algo, no sabíamos que esperar de este sujeto y en ese estado tan particular, hasta que de una vez por todas confesó su bizarro plan, nos dijo: “No, no; ya sé…ME CAGO ENCIMA, y cuando llego a mi casa me cambio y vuelvo para Eleven”. No nos quedó otra opción que explotar en risas, carcajadas, risotadas que ni el mejor chiste de “Jorge Corona” podría igualar. Tras este embarazoso hecho nuestro “héroe” retomo su carrera, pero esta vez lo hizo a lo Usain Bolt, corriendo más rápido que nunca, cortando el viento como las mejores épocas de Claudio Paul Caniggia.
Nosotros solo atinamos, a gritarle un “chau Puente…nos vemos”, este levantó su mano derecha en señal de saludo (y algunos afirman que también dejó entrever su clásica sonrisa grasa) y en milésimas de segundo fue que lo perdimos de vista entre la oscuridad de la noche.
Según cuenta la leyenda este mítico personaje sigue corriendo por el mundo; dicen que todos los años, más precisamente la noche de todos los 20 de julio, si estas en la calle Cuenca y haces silencio, escucharás pasos atolondrados y soplará el viento con fuerza…es él que sigue merodeando por el barrio.

lunes, 18 de agosto de 2008

MITO O REALIDAD????

Voy a contarles el comienzo de una de las mejores y más grandes leyendas que se formaron alrededor de nuestro héroe.
Ahhh como olvidar nuestros primeros pasos en el Instituto San José. Recuerdo que estábamos haciendo el curso de ingreso, con grandes amigos como Pete, Gonca, Nico Bronemberg (O COMO CARAJO SE ESCRIBA) y YO (el rey de reyes).
Nos sentamos al fondo del aula, una vez instalados, notamos que delante nuestro teníamos a una "persona" de aspecto peculiar. Era algo parecido a Gollum (para más info. Ver señor de los anillos) pero con una remera todo gris y roñosa de los POWER RANGERS ( SI, SI LEYÓ BIEN, SAQUE CUENTAS 7º GRADO, ALREDEDOR DE 12 AÑOS Y EL INFELIZ CON REMERA DE LOS POWER RANGERS, PERO ESA ES OTRA HISTORIA). Al principio nos resulto medio extraño e intentamos ignorarlo, pero con el correr de las clases nos empezamos a llevar con él y lentamente se puede decir que hasta le tomamos cariño.
Con el correr del tiempo, pasaron así varias clases en el Instituto, y nuestro héroe Puente entró en confianza (GRAVE ERROR) y nos contó una de esas clásicas historias de vida, de HEROISMO, que logran entristecer hasta a la más desalmada de las personas. (NO FUE NUESTRO CASO)
H.P. contó como a fines del año anterior, sufrió uno de los peores momentos de su vida, cuando uno de sus mejores amigos, su huevo izquierdo, sufrió una terrible enfermedad, y perdió la vida en el quirófano luego de soportar varias horas de intensa lucha.
Nosotros, tristes por la perdida que sufrió nuestro amigo intentamos ayudarlo. Le recomendamos entrar a grupos de autoayuda. Lo recuerdo parado frente al grupo y diciendo hola me llamo Horacio… y todo el grupo diciendo: HOLA HORACIO!!!!!!! Pero lamentablemente no funcionó. Luego recuerdo aquel “Día del niño” cuando organizamos la campaña solidaria “Un huevo para puente” en la que Araceli González llamó a la solidaridad y le solicitó al público que donara un huevo para nuestro héroe. Todavía es el día de hoy que recuerdo el jingle del anuncio diciendo “Te pido un hue, un huevo para Puente” (imaginese con la canción de un sol para los niños), pero tampoco hubo caso.
Luego de infructuosos intentos, logramos convencerlo de que el tener un solo huevo no lo hacía menos hombre y que el iba a lograr sobreponerse y salir adelante.
Así fue como nuestro héroe, logro superar esto y ser el genio que hoy todos conocemos.
“Mito o Realidad” lo dejamos a criterio suyo.

Cronista Invitado: Dr. Leandro Caldani

viernes, 11 de julio de 2008

El mejor gol de su carrera

Tarde soleada para el espectáculo deportivo.
Como era costumbre este hermoso grupo de amigos había organizado un partido en Solanas. Se dividieron los jugadores sin ningún motivo particular, aunque siempre tratando de evitar jugar con el Gran Horacio Mario, al que no le sobraban aptitudes para jugar al fútbol (ni mucho menos).
La falta de habilidad de Puente fue compensada con la incorporación de Calju en el arco, una seguridad bajo los 3 palos, un portero muy difícil de batir. Es decir, que Mario jugaba en el mismo equipo que Matías Caldano.
Se dio el puntapié inicial y arrancó el partido. Muy parejo en el comienzo, los equipos se prestaban la pelota y creaban poco peligro. Un partido más cerrado que culo de muñeco. Solo un jugador de la magnitud de Horacio podría romper el cero.
Calda manejaba la pelota por derecha, buscando el hueco para dar el pase preciso, pero la defensa estaba bien parada. A Leandro no le quedó otra que la descarga hacia el medio. Y ahí nomás Horacio Mario “La Cobra” Puente perfiló la otra zurda (cuenta la leyenda de que no tenía pierna derecha, eran las 2 zurdas). Tomó una breve carrera y con toda la clase que lo caracteriza (?) sacó un remate fortísimo con 3 dedos que se incrustó junto al palo. Sin embargo Puente no había reparado en que había clavado un golazo en su propio arco. Al mirar vio a Calju desparramado en el área, había volado como solamente un arquero de su categoría lo hace, y aún así no pudo alcanzar la pelota que se metió ahí donde las arañas tejen su nido, pegada al palo. El equipo rival festejó tan hermoso gol abrazando al propio Puente, que se agarraba la cabeza. No podía creer que el mejor gol de su carrera había sido en contra. Calju tampoco entendía nada, se tomaba la cabeza con ambas manos buscando una explicación. Preocupado por los delanteros rivales no reparó en el peligro que podía generar Puente jugando en su mismo equipo.
Las cargadas no se hicieron esperar y Horacio Mario no tuvo mejor idea que ofenderse y quedarse sentado el resto del partido en mitad de la cancha.

martes, 1 de julio de 2008

Un escritor que trascendió épocas, generaciones y países... y se encontró con el boludo de Puente

Nos encontrábamos cursando el tercer año de la secundaria. El gran Pipo, profesor de Lengua se había jubilado, y en su lugar nos tuvimos que fumar a una gorda que no recuerdo el nombre, pero que era conocido como “la gorda del McDonalds” (por su parecido con una empleada de ese local, ubicado en el shopping).
La gorda era una hincha pelotas. Nos hizo leer “El conventillo de la paloma”, escrito por Alberto Vaccarezza (ni en pedo me acuerdo, pero para algo sirve google), un clásico del sainete argentino (?).
Todos recordamos cuando la gorda nos hacía leer el libro medio como representando a los personajes. Varios de nosotros safamos, pero Pico no pudo, y cuando tuvo que leer su línea, completamente a destiempo gritó: “¿AdóndeZ?” con su clásica pronunciación.
Pero nada de esto viene al caso (aunque Pico también merecería un blog).
Llegado el parcial se tomaban entre otras cosas algunas preguntas de este libro. Aquí entra en escena nuestro querido Héroe.
El parcial no fue difícil, la gorda preguntó cosas básicas, por ejemplo la pregunta uno era quién es el autor de “El Conventillo de la paloma” (bastaba con leer la tapa del libro para darse cuenta).
Finalizada la prueba, la costumbre de consultar con compañeros las respuestas para saber como le había ido a uno.
El gran Horacio Mario le consulto a Chiva (y cito textualmente): “¿Vos que pusiste en la uno? Yo puse Shakespeare” (?????). A Chiva en una fracción de segundo se le arremolinaron varios pensamientos en la cabeza, a saber:
- Qué? Shakespeare? De qué habla este pelotudo?
- Creo que tanta paja finalmente le afecto el cerebro
- Que buena que está Ornella (este pensamiento no viene al caso)
- Tal vez fue su nutrición la que le hizo mal a la cabeza

Todo esto ocurrió en una fracción de segundo. Al segundo y medio Chiva estalló con una de sus clásicas Risotadas. Completamente tentado no podía explicar al resto de los compañeros lo que había ocurrido.

Finalmente pudo esbozar un: “En la de autor puso Shakespeare”. Fede y Calda tampoco se pudieron contener.
A nadie le entraba en la cabeza como pudo poner que “El conventillo de la Paloma” lo había escrito Shakespeare.
Nadie podía encontrar una explicación coherente, racional, de semejante error.
Una vez más quedaron demostradas las capacidades del gran Horacio.
Existen rumores de que finalizado el parcial se dijo a sí mismo: “La una era ree fácil, Shakespeare!”. Pero esto no ha sido confirmado. Sin embargo creemos que es complemente cierto. Horacio Mario Puente es capaz de esto y mucho más…

sábado, 31 de mayo de 2008

El peor amigo del hombre (Puente)

Nos encontrábamos disfrutando de nuestro campamento de 4º año de la secundaria. El destino elegido por la parroquia había sido la ciudad de Tandil.
En tan hermosa estadía se vivieron grandes momentos como:
- “Que mire esto Juan Diego!” o

– “Guarda comida para el micro”,
-“Naa, en el micro comés por comer”
- “Ahhhh porque ahora tenés hambre pelotudo!”

Entre estos instantes gloriosos, siempre aparecía el único e inigualable, el verdadero “Fenómeno” (Ronaldo es una mentira), Horacio Mario… LA COBRA PUENTE!

En una de esas “dinámicas” chotas que proponía los catequistas, nos juntabamos en grupo, y en este caso consistía en decirle a cada uno de los integrantes virtudes y defectos que nosotros le encontrábamos.
El grupo de puente se hallaba sentado en ronda en el pasto. Mario no tuvo mejor idea que escaparse unos minutos de semejante boludez, e irse al baño (seguramente a sacudirse un poco la garcha). Cuando regresó encontró a un perro sentado amablemente en su lugar! Si, si, leyeron bien, un agradable can le había sacado el lugar!
Con su carisma característica llamo al perro, le chistó, trato de empujarlo, y el animal no se movía. Fastidiado se tuvo que sentar junto a él.
La historia no termina acá.

Al día siguiente (el último), el clásico almuerzo con paty’s sabor suela de mocasín al mejor estilo campamento del San José.
Transcurría todo con total normalidad hasta que el gran Horacio decide ir hasta la jarra de jugo situada al otro lado de la ronda para servirse un vaso de ese poco confiable brebaje sanjosesiano, cuando a su vuelta descubre que el mismo perro había ocupado su puesto en la ronda y grita con una mezcla de resignación y sorpresa: ESE PERRO ME ROBO EL LUGAR DE VUELTA!

Nuestro héroe intento luchar para sacar al canino usurpador del lugar, pero esta vez el gran Horacio Mario encontró un rival digno de Él, y en una muestra de grandeza y humildad, se contentó con sentarse al lado nuevamente. Está de más aclarar que los fieles admiradores del gran Horacio hicimos los posible por el regreso de nuestro ídolo, pero el manso can era simplemente demasiado carismático y sucumbimos ante su encanto.
Pensandolo bien quedamos contentos con el reemplazo. El perro SI era alguien fiel, que nunca nos iba a traicionar, y Puente…

Nota: fíjense como Puente esconde su brazo en la foto para que el can no le robe su paty, además del lugar en la ronda.